Empecemos por el principio. Para mejorar nuestras finanzas debemos iniciar por el ahorro. No hay posibilidades de mejorar nuestra situación financiera si no logramos separar una parte de nuestros ingresos y destinarlos a crear un fondo, al cual debemos alimentarlo todos los meses. Muchos dirán “¡como se puede plantear ahorrar en estos días en la Argentina!”. Pero si nos sentamos a analizar a conciencia y con absoluta sinceridad con uno mismo, podremos encontrar muchos gastos que verdaderamente no son necesarios y que evitándolos podemos llegar a generar un remanente que pueda destinarse al ahorro, aun en nuestro país.
¿Y por donde arrancamos?
Lo primero que necesitamos es tener información relacionada con nuestros ingresos y, fundamentalmente, nuestros gastos. Si no sabemos en qué se van nuestros ingresos va a ser muy difícil lograr descifrar en que podemos bajar nuestros gastos. Esto implicará perder, en realidad invertir, unos minutos al mes, o a la semana, o mejor, todos los días, para anotar en un papel, o cargar en una planilla de Excel o en alguna app los conceptos en los que se gasta, para determinar qué porcentaje se usa para cada destino: comida, educación, salud, ocio, vivienda, impuestos, transporte, etc. A partir de allí, podremos analizar que gastos son realmente imprescindibles y cuáles no lo son, y nos sorprenderá lo que allí podemos descubrir. A partir de esto podemos armar un presupuesto para el próximo mes, o para varios meses hacia adelante, idealmente un año, de manera de asignar un monto o un porcentaje a cada concepto de gasto y, ahora sí, al ahorro. Es muy importante que definas tus prioridades y a partir de allí, puedes planificar cómo vas a ahorrar.
¿Te parece que es tan fácil?
Seguramente no. Y menos, como decíamos, en esta etapa de la vida económica del país, en que cada vez más gente debe destinar una mayor parte de sus ingresos a cuestiones básicas, como alimentarse, por la caída del poder adquisitivo de sus ingresos. Pero no menos cierto es que normalmente el patrón de gasto es reflejo de cuestiones emocionales y no fruto de decisiones racionales, aunque tratemos de darle una justificación racional que nos ayude a estar contentos con nuestra compra. Por algo, los especialistas en marketing y las agencias publicitarias apuntan a las emociones del consumidor para generar una sensación de necesidad que nos impulse a comprar, pero si nos detenemos a pensar un minuto si es realmente necesario o solo un impulso, o si dejamos pasar 24 horas, tal vez eso que veíamos como una necesidad imperiosa, ya no lo es tanto.
¿Existe algún truco para ahorrar?
Como todo en la vida, no existe nada mágico, implica un esfuerzo a corto plazo para tener un beneficio a largo plazo. En el internet de las cosas, contamos con muchos tips de ahorro, que muchos, o al menos algunos de ellos, pueden adaptarse a nuestro estilo de vida o nuestra situación económica actual. Por lo que ni siquiera deberías ponerte a pensar qué hago?, aunque no estaría mal, sino cuales puedo usar para que me ayuden a ahorrar, o a bajar los gastos.
¿Ahorrar es guardar plata debajo del colchón?
La inflación es un flagelo que lo padecemos recurrentemente desde hace muchas décadas, por lo que ahorrar guardando el dinero en un frasco, o en el “canuto” como nuestros abuelos, o “debajo del colchón” no es una alternativa recomendable. Eso en realidad se llama desahorrar, porque el poder de compra en el futuro de esos pesos va caer en la medida de la inflación que suframos. Entonces debemos ahorrar en alguna herramienta que nos pague un interés por encima de la inflación, que nos brinde lo que en finanzas llamamos un rendimiento real positivo. Real, porque lo comparo con la inflación ocurrida en el mismo plazo y positivo, porque el interés que obtenga debe ser más alto que la inflación. Incluso si ahorrás en una moneda “dura”, lo más común entre nosotros lo es en dólares, deberías tratar de generar algún interés, ya que en el país del norte también tienen inflación, obviamente no galopante como aquí, pero la tienen. Desde ya hace unos cuantos meses estamos soportando una crisis muy grave con el peso, que ha dejado de ser reserva de valor, nuevamente, en el medio de mucha incertidumbre con cambios en el rumbo económico, que nos llevan a hacerlo sin generar un rendimiento en dólares, para evitar un daño mayor sobre nuestros ahorros. Pero pensemos que esto se puede justificar a corto plazo hasta tener más claro el panorama, ya que no es lo ideal para el largo plazo. Siempre debemos buscar obtener un rendimiento superior a la inflación, sea en pesos o cualquier otra moneda, y cada día cuenta.
La educación, ¿es un gasto?
Obviamente que hay gastos que hacen a la supervivencia del ser humano, y que cubren las necesidades básicas por lo que son esenciales para todos, así también hay muchos gastos que no son tan relevantes, y por ello podrían, o deberían, evitarse. Por otro lado, hay gastos que en realidad son inversiones. Aquí por ejemplo entra lo que se destina a la educación, por lo que a mi modo de ver lo ubico como inversión. No implica que también pudiera optimizarse lo que se destina a ella, pero para el mundo que nos espera, la mejor inversión que podemos hacer es asignar la mayor parte de lo que podamos de nuestro presupuesto a capacitación, tanto propia como de nuestros hijos, que nos genere conocimiento y habilidades para hacer frente a lo que el futuro nos demandará.
¿Cuánto ahorramos?
No existe un porcentaje predeterminado, cuanto mayor proporción de nuestros ingresos podamos ahorrar, mejor, ya que eso nos permitirá pasar a una próxima instancia, la de inversión, de la que vamos a hablar más adelante. Si podemos ahorrar un 20% parecería estar en lo que los expertos acostumbran a aconsejar, pero depende de las posibilidades de cada uno y, fundamentalmente, cuales son las prioridades que tenemos en la vida. Si tu intención es mejorar tus finanzas, entonces, lo mejor es empezar cuanto antes, ponerte en acción para que a partir de ahora vayas construyendo tu fortaleza financiera.









